Chévere comprar colombiano

Tomado del Diario El Tiempo, por Cristian Valencia

Al comprar productos y alimentos nacionales, sabemos de dónde vienen y dónde se queda la platica. Parece nacionalismo, y lo es. Pero no ciego.

En un supermercado, una señora sostenía una deliciosa conversación con un señor que comenzaba a llenar su carrito. Estaban frente a la sección de arroz. La señora iba a pasar de largo cuando vio que el señor había elegido una marca específica.

–¿Por qué no lleva un arroz colombiano, señor?
–Porque está más caro.
–Yo siempre llevo uno colombiano, del Huila o del Tolima. Son buenísimos y pago con gusto. Esos pesitos de más generan un bienestar para todos, no solo en las regiones donde se produce.
–¿Compra por caridad, señora?
– Nada de caridad. Primero, es mejor grano, si quiere comparamos. Y segundo, esta plata se queda aquí, paga impuestos aquí, que no son pocos. Genera empleo y bienestar para ellos, que lo cultivan, y para todo un tejido social alrededor. Un tejido que llega hasta mi casa y la suya.

Aclaro que, mientras tanto, yo intentaba demorarme más de la cuenta en la sección panelas, porque todo lo que decía la señora me lo decía a mí también. Sospecho que una pareja de jóvenes que estaban a dos metros, en la sección harinas, decidieron leer todos los letreros de las bolsas para ‘patearse’ la charla completica, y para comprobar que la harina fuera colombiana.

Pensé en una amiga que tuvo serios inconvenientes con una nevera que compró. Una marca de Estados Unidos made in China. En esas palabritas en inglés está el meollo de todo. ‘Made in’ significa ‘Hecho en’. Y ‘hecho’, del verbo hacer, supone manos de alguien; en este caso, manos de cientos de chinos en cadena. No es un secreto que muchas industrias de países desarrollados decidieron ubicar sus plantas de producción en China porque la mano de obra es barata. Y es barata porque la mayoría de las veces en China se puede pasar por encima de todos los acuerdos laborales del mundo, logrados a lo largo de la historia por los trabajadores. Por eso los productos son más baratos, a costa del bienestar de la gente. El caso fue que mi amiga nunca recibió a un técnico para que le arreglara la máquina. Y maldijo en secreto el momento en que decidió ahorrar unos pesitos y no comprar una nevera colombiana. Colombiana, en este caso, significa que hay un pocotón de colombianos con trabajo, un pocotón de niños que van a la escuela bien comidos y bien trajeados, un pocotón de empleados que ahorran en Colombia, pagan impuestos en Colombia y compran otros productos en Colombia. Aparte de, claro está, que los productos colombianos son de excelente calidad y tienen un departamento de soporte técnico a la vista. Usted llama, y puede que demore, pero llegará con seguridad un técnico, a lo mejor formado en el Sena, y se llamará Juan o Juana o Margarita o Daniel.

Recordé también a un amigo que hace muchos años tenía una fábrica de cepillos de peluquería. Tenía cuarenta empleados a los que pagaba su seguridad social, primas y cesantías. Le iba tan bien que estaba expandiéndose en la región. Vendía en Chile y Perú. Pero quebró por culpa de los barcos fábrica chinos. Esos que esclavizan gente y navegan mientras trabajan. Claro, porque trescientos chinos podían cumplir con un pedido de 200.000 cepillos en un mes y mi amigo, con sus cuarenta empleados, jamás llegaría a ese nivel de producción. Cuarenta empleados que se fueron a la calle.

Aquella conversación de supermercado fue reveladora. Seguro usted tendrá más argumentos que sumarles a los de la señora si se detiene a pensar un poco. Chévere comprar productos y alimentos colombianos. Sabemos de dónde vienen y dónde se queda la platica.

Parece nacionalismo, y lo es. Pero no ciego. No es por caridad. Es por calidad y servicio. Y por el bienestar que generan.
cristianovalencia@gmail.com
Cristian Valencia

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